Obra creativa

Placenta eterna / Placenta Everlasting
© 2012, fotografía de María Luisa Ortega Hernández, PhD
La palabra tiene el poder de crear vida, de transformarla, de elevarla a nuevas alturas a través de un viaje espiritual donde el vidente es la poeta.
«Ella vuela. Volar es el gesto propio de la mujer, volar en la lengua, hacerla volar» (Hélène Cixous, La risa de la medusa, p. 60). «[...] la escritura es [...] lo que está en relación con [...] lo que la historia prohíbe [...] lo femenino vivo; [...] un deseo que vaya —como el que una mujer puede desencadenar— hasta el final, que no se deje someter por nada. Que imponga su necesidad como valor sin dejarse intimidar por el chantaje cultural, la sacralización de las estructuras sociales; que no ordene la vida con la amenaza de la muerte» (ibidem, p. 62);
«([...] la poesía consiste [...] en sacar fuerzas del inconsciente, y el inconsciente —la otra región sin límites— es el lugar donde sobreviven los reprimidos: las mujeres o, como diría Hoffmann, las hadas.)» (ibidem, p. 63, ortografía y puntuación corregidas).
Es en la propia voz, en la palabra encarnada, donde encontramos nuestra verdadera morada, ese hogar cuyas paredes hablan desde adentro y revelan tanto historia como identidad.

